cetei centro terapéutico para la integración
PROYECTO INSTITUCIONAL - AÑO 2011
Introducción El presente proyecto se orienta a desarrollar un nuevo segmento de un programa institucional inaugurado en el año 2000, dirigido a la atención de adolescentes y adultos con discapacidad mental en grado moderado o severo. Dicho programa establece como objetivo central el de generar un proceso terapéutico, promoviendo en cada uno de sus concurrentes la construcción de un proyecto de vida que le posibilite el acceso a las condiciones más favorables en su inserción familiar y social. Tanto la estructura y organización funcional de nuestro Centro de Día (modalidades de atención, dispositivos, encuadres) como el diseño de la lógica de abordaje terapéutico (conformación del equipo, orientación de sus prácticas, delimitación de los diversos campos de intervención) se definen por una doble articulación: de una parte, con el análisis diacrónico de la experiencia construida durante el proceso de trabajo institucional; de la otra, con una concepción teórico-clínica acerca de la problemática de la discapacidad mental, según la cual su terapéutica no puede disociarse de los contextos familiar, institucional y social en los cuales se manifiesta. Dar cuenta de este recorrido iniciado en el año 2000 permite visualizar la dimensión instituyente de las prácticas del Centro de Día, el cual aparece situado como un espacio creado y recreado a partir del conjunto de experiencias que en él se suscitan, y cuyos objetivos se redefinen en virtud de la procesualidad que le es inherente, tal como se expresa en las diferentes etapas que fue transitando la labor institucional.
Memoria del recorrido institucional Nuestro proyecto inaugural tuvo por eje la implementación y puesta a punto de una toma de posición institucional (formación del equipo, organización de los grupos, articulación interdisciplinaria) en la cual la diversificación del campo de estimulación y la centralidad de la experiencia vincular constituyeran la base de procesos de orden terapéutico. De este modo, a lo largo del año 2000 se situaron coordenadas decisivas en la tarea de CETEI: la habilitación de un encuadre que promueve procesos de estructuración subjetiva a partir de la experiencia compartida, la instauración de una modalidad de relación simétrica y acorde a las necesidades e inquietudes propias de la edad y situación de sus concurrentes, la formalización de un espacio de orientación y reflexión con sus familiares, la producción de un marco interdiscursivo de lectura acerca de las distintas prácticas especializadas y sus alcances, la apertura de espacios de formación y de práctica para estudiantes de carreras vinculadas con este campo de actividad y la promoción de vertientes de elaboración teórica respecto de la labor institucional, tanto mediante la producción de artículos y ensayos como a través de la participación en jornadas, congresos y otros ámbitos de producción científica y académica. Durante el año 2001, el Proyecto Institucional de CETEI priorizó la consolidación del formato prestacional del Centro de Día, dinamizando los procesos de admisión y de egreso de concurrentes e intensificando el potencial de contención del encuadre. Como efecto de dicho recorrido, se perfila una modalidad operativa que posibilita la puesta en cuestión del supuesto de cronicidad que suele atribuirse a los cuadros de discapacidad mental, a la vez que comienza a visualizarse la idoneidad de este espacio para operar terapéuticamente con pacientes en los que el retraso mental o bien no constituye el elemento predominante del cuadro (por su imbricación con procesos de orden psicótico), o bien se expresa en un plano funcional como decurso de un proceso deteriorante. Hacia el año 2002, el Proyecto Institucional de CETEI destacó dos conjuntos de objetivos: en lo que respecta al programa terapéutico, se planteó la profundización de los recursos y dispositivos orientados a favorecer la inserción de los concurrentes en espacios comunitarios y sociales, a la vez que sostener el encuadre diseñado para la realización de las diferentes actividades institucionales; en cuanto a la organización y dinámica del Centro de Día, se situó el objetivo de establecer un criterio de conformación de los grupos que, sin limitar su fluidez, permitiera dar cuenta de los requerimientos específicos desde una perspectiva adecuada al perfil de la demanda de admisión, y más elaborada que la basada en una -teóricamente discutible y empíricamente imprecisa- gradación de niveles de retraso mental. La elaboración del Proyecto Institucional 2003 tuvo por referencia la articulación de nuestra práctica institucional con el contexto social, según dos ejes: el primero, en base al impacto de la situación de crisis generalizada que se extendió durante todo el año anterior en nuestro país (tanto en el plano social y económico como en el lazo social, la producción social de sentido y la subjetividad) y su repercusión en el ámbito institucional (no sólo precarizando su estabilidad desde el punto de vista económico, sino también convocando al Centro de Día a operar en una función de “refugio”, desde donde se pudieran jugar las condiciones de reconstrucción de la previsibilidad, la contención y la estabilidad psíquica y vincular); el segundo, proponiendo la consolidación de los dispositivos de integración a la comunidad de nuestra práctica institucional, de modo tal que la ampliación cuantitativa de instancias de inserción se acompañe de una rotación cualitativa del uso del espacio público (reedición en el último trimestre del año de los Concursos de Manchas y de Cuentos Cortos realizados en octubre y diciembre 2002 respectivamente, realización de muestras y exposiciones de los mismos, etc.). El año 2004 tuvo por objetivo central la promoción de condiciones de estructuración creciente de la experiencia psíquica y vincular de nuestros concurrentes, teniendo por basamento la oferta diversificada de propuestas y ámbitos de expresión (tanto discursiva como motriz, tanto concreta como simbólica) que posibilitaran su articulación con el proceso elaborativo desplegado en los diferentes encuadres terapéuticos, y apuntando a la integración de los contenidos de la experiencia de tratamiento institucional a la lógica familiar y social. Así también, el Proyecto Institucional se orientó a la progresiva sustitución del modelo basado en la práctica profesional del consultorio por una lógica que trascienda la función meramente rehabilitatoria y se incardine en el contexto de una estructura intersubjetiva de trabajo, de modo tal que al reemplazo en 2003 del área de Kinesiología por un encuadre de Educación Física, se agregó la sustitución análoga durante 2004 del área de Fonoaudiología por un Taller de Expresión que -reflejando una concepción acerca del lenguaje más elaborada que la basada en sus fallas, trastornos y disfunciones- promoviera efectos de estructuración de los procesos comunicativos a partir de la creación de espacios de historización de la propia experiencia. Por último, otro de los objetivos institucionales estuvo dado por la elaboración y transmisión de materiales teórico-clínicos basados en la experiencia de trabajo de nuestro Centro de Día, así como también la promoción de espacios de formación y discusión alrededor de las coordenadas que atraviesan nuestra práctica, a fin de dialectizar dicha lectura con experiencias provenientes de los diferentes campos discursivos. En dicho contexto se inscribieron el dictado del Seminario “Lo institucional: lecturas desde las ciencias sociales” en el Consejo Argentino para la Inclusión de las Personas con Discapacidad (CAIDIS), la producción de un ensayo acerca de una experiencia desarrollada dentro del Taller de Expresión de CETEI y la realización (por quinto año consecutivo) de la práctica de formación dirigida a estudiantes avanzados de Psicología, Musicoterapia y carreras afines. Para el año 2005, los objetivos centrales del Proyecto Institucional de CETEI impulsaron, en primer término, la individualización de las estrategias de atención privilegiando los recursos expresivos de cada concurrente; en segundo lugar, la reintegración operativa de la experiencia acumulada en los ámbitos sociales al conjunto de prácticas de taller, de modo de afianzar la dimensión socializante de su dinámica; en tercer término, la consolidación de un modelo terapéutico basado en el vínculo, la palabra y la construcción cooperativa de la experiencia; por último, la continuidad en cuanto a la elaboración y transmisión de materiales teórico-clínicos y la profundización de los espacios de formación y discusión. A su vez, se incorporaron a dichos objetivos la búsqueda de medios de concreción de dos proyectos que se fueron delineando a lo largo de nuestra práctica institucional: el primero impulsando, tanto en espacios académicos y científicos como en ámbitos de planificación y gestión, la creación de formatos de vivienda que pudieran contemplar las necesidades que algunas personas con discapacidad presentan en cuanto a acceder a un espacio de vida alternativo; y el segundo, dirigido a la ampliación del espacio operativo del Centro de Día, a través de la refacción y adecuación del salón ubicado en la planta alta de nuestra sede. Durante el año 2006, las coordenadas del Proyecto Institucional se desplegaron en base a ciertos objetivos que, aunque situados como sucesivas mediaciones respecto del programa terapéutico que desarrollan los concurrentes de CETEI, inciden según nuestro criterio en sus condiciones de posibilidad: se trata, entre otros, de la promoción de efectos de contención crecientes en el contexto familiar de cada concurrente, de la consolidación de las instancias de participación social y comunitaria que promueven ésta y otras instituciones, y de la construcción de espacios de intercambio en el plano interinstitucional, dirigidas a reflexionar y debatir acerca de aspectos y propuestas ligados con la práctica terapéutica e institucional. El Proyecto Institucional trazado para el año 2007 abarcó aspectos diversos de la práctica de CETEI, aunque unificados en función de su relación con condiciones de optimización del alcance terapéutico del dispositivo y de su continua redefinición en virtud de la experiencia construida por sus participantes. En tal sentido, posibilitó la puesta en marcha de un encuadre individualizado orientado a la delimitación y concreción de Proyectos Personales, inscripto en el marco de Área de Psicología, con miras a favorecer la plasmación en contextos familiares y sociales de los procesos subjetivantes promovidos en el proceso de tratamiento de los concurrentes. Del mismo modo, CETEI se incorporó como sede de prácticas dentro la propuesta curricular de la carrera de Trabajo Social de la UBA, habilitando de este modo un espacio sistemático de formación para estudiantes de dicho campo, y que se agrega al destinado a los alumnos de la carrera de Psicología. Durante 2008, los objetivos principales del Proyecto Institucional se orientaron a consolidar y diversificar la relación con el contexto social, de modo tal de priorizar la inserción comunitaria de la actividad institucional. Tales objetivos se delinearon en virtud de los avances observados en dicho terreno durante los años anteriores, y se plasmaron a través de tres orientaciones simultáneas: la primera, profundizando el alcance de las diversas estrategias de articulación con la comunidad (Talleres de Periodismo, de Plástica y de Cerámica, Exposiciones, Muestras, Concurso de Manchas); la segunda, jerarquizando la relevancia de la orientación social y comunitaria dentro del programa de formación destinado a estudiantes de la carrera de Psicología; la tercera, intensificando la labor académica y científica de CETEI, tanto mediante la creación de nuevos espacios de formación como a través de la continuidad en la publicación y transmisión de materiales teórico-clínicos vinculados con nuestra práctica, dando así impulso a la construcción de una mirada alternativa sobre la labor institucional y la discapacidad mental, a distancia de los modelos medicalizantes y patologizantes que hegemonizan este campo de actividad. En 2009, y en virtud de la experiencia de vida autónoma que tres concurrentes de CETEI (por motivos diversos) comenzaron a transitar, se plantea como objetivo la realización de un conjunto de nuevas articulaciones entre las actividades desarrolladas en el Centro de Día y las condiciones cotidianas de desenvolvimiento de cada concurrente en su ámbito doméstico, a fin de visualizar y consolidar las vertientes de afrontamiento de proyectos de vida a futuro que puedan prescindir del recurso a la institucionalización y, en el mayor grado posible, de la gestión por terceros de la situación de cada persona con discapacidad. Dicho objetivo, a su vez, encuentra niveles de resonancia significativos en el contexto social, en la medida en que comienza a instalarse en la comunidad la necesidad de problematizar las políticas existentes en el campo de la salud mental y de la discapacidad, y de dar cauce a iniciativas que promuevan la desinstitucionalización y la construcción de instancias de inserción de las personas en situación de desventaja social. En el año 2010, los objetivos centrales de nuestro Proyecto Institucional se situaron en el punto de cruce entre diferentes instancias que surcan la actividad del Centro de Día, con el propósito de generar entre ellas efectos de sinergia y potenciación. Así, en lo que respecta a la dinámica de trabajo de CETEI, se delinearon dos objetivos centrales: por una parte, el diseño e implementación de un encuadre específico que, aunque vinculado con las restantes estrategias desplegadas en el ámbito institucional, desarrolle un proyecto sistemático basado en actividades de Recreación y Socialización, dirigido a establecer vías más sólidas de desenvolvimiento en el espacio social; por la otra, la realización de un Mural Cerámico en la fachada del Club Premier, plasmando de este modo en el espacio público una obra llevada a cabo por todos los participantes del Centro de Día. A su vez, en lo que respecta a la actividad científica y académica de CETEI, se establecieron dos objetivos principales: el primero, promoviendo la incorporación de los actuales espacios de formación a la oferta curricular de la Facultad de Psicología de la UBA, como práctica pre-profesional para estudiantes avanzados de la carrera (la que se encuentra actualmente en etapa de evaluación); el segundo, dirigido a consolidar la experiencia iniciada en 2009 por la cual -mediante la formalización de un acuerdo de colaboración establecido con la Universidad de Zaragoza- nuestro Centro de Día se localiza como sede de prácticas internacionales intensivas destinadas a graduados en disciplinas relacionadas con el campo de la salud mental provenientes de esa Universidad.
Proyecto Institucional del año 2011 La experiencia desarrollada a lo largo del recorrido de CETEI ha permitido establecer una serie de premisas que delinean los perfiles de nuestra propuesta institucional, y en virtud de las cuales cabe proyectar nuevas líneas de intervención. Tales premisas se nuclean alrededor de la crítica a los procesos de medicalización y patologización de las personas con discapacidad mental, y dan impulso a la puesta en juego de estrategias terapéuticas que acompañen a cada concurrente en la búsqueda y construcción de condiciones de acceso a una mejor calidad de vida, a través de la simultánea movilización de efectos de subjetivación y de socialización. En otros términos, se propone el espacio institucional como marco de una experiencia comunitaria que favorezca la mediatización de la relación que el sujeto establece con su problemática, como así también con los ámbitos familiares y sociales en que se despliega, de modo tal de relativizar las cristalizaciones de sentido construidas alrededor del diagnóstico de discapacidad mental, y que repercuten con alcances discapacitantes en múltiples ámbitos de la vida cotidiana de cada concurrente. Para el corriente año, nuestro Proyecto Institucional se orienta en base a dos niveles de intervención, como lo son, por una parte, la dinámica operativa del dispositivo de Centro de Día y, por la otra, sus espacios de formación y de producción científica. Sin embargo, la delimitación entre ambos niveles obedece exclusivamente al propósito de la exposición formal de sus respectivos objetivos, ya que a los fines del presente proyecto interesan mucho más los efectos de articulación y potenciación recíproca entre dichos niveles que su segmentación o su autonomización, toda vez que el acento de dicha propuesta se localiza alrededor de la simultánea movilización de diversos vectores, de modo tal de suscitar nuevos campos de despliegue que sistematicen y profundicen la experiencia desarrollada hasta aquí. En relación a la dinámica operativa de la institución, se proyectan cuatro líneas de intervención principales: la primera, relacionada con el diseño de un encuadre organizado como Taller de Expresión que, promoviendo la puesta en juego de la palabra, el cuerpo, el juego y la representación, se incorpore a la oferta de Talleres del Centro de Día, habida cuenta de la finalización de la actividad del Taller de Cocina que se desarrolló hasta el año 2010; la segunda, dirigida a consolidar y expandir las experiencias de participación social llevadas a cabo a través de la realización de murales cerámicos en la comunidad, proyectando replicar tales iniciativas en la sede de la Obra Social de Gráficos y en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA); la tercera, impulsando la implementación de una configuración operativa organizada en base a cuatro grupos de concurrentes, a fin de ampliar y complejizar tanto el marco de abordaje como la composición del equipo de CETEI; la cuarta, orientada a funcionalizar el uso, la accesibilidad y la circulación en los espacios de actividades grupales y de Talleres, para lo cual se propone redefinir la utilización de los diversos salones, así como relocalizar el espacio de comedor en un salón más adecuado al uso, tanto por sus dimensiones como por su capacidad. A su vez, en relación a las actividades de formación y de producción científica que se llevan a cabo en la institución, se proyecta para 2011 la continuidad de la Práctica cuatrimestral destinada a estudiantes y graduados de la carrera de Psicología, a dictarse dos veces en el año; la continuidad de las Prácticas Internacionales encuadradas en el acuerdo de colaboración establecido con la Universidad de Zaragoza, a realizarse entre los meses de enero y abril; y la reapertura a estudiantes de la carrera de Trabajo Social de la UBA de un espacio de práctica correspondiente al Taller II de su programa curricular, a realizar entre los meses de abril y noviembre. Por último, se proyecta la realización de una Jornada organizada por nuestra institución y dirigida a consolidar la producción teórica y clínica sobre nuestra práctica, de modo tal de profundizar las vías de discusión, reflexión y construcción acerca de las diversas determinaciones que convergen en este campo de trabajo interdisciplinario.
Objetivos Generales Se trata de una propuesta institucional orientada al despliegue de un programa preventivo y terapéutico para aquellos adolescentes y adultos en situación discapacitante que demanden un proceso dinámico de tratamiento. Si bien dicha propuesta fue diseñada en función de los requerimientos de atención de personas con discapacidad mental en grado moderado o severo, la demarcación diagnóstica asume aquí un valor exclusivamente referencial; en tal sentido, no constituye una condición necesaria para el ingreso al Centro de Día (porque algunos concurrentes presentan problemáticas complejas que, si bien imponen efectos discapacitantes, no se encuadran en la nosografía del retraso mental), así como tampoco una condición suficiente (porque el proceso de evaluación de personas con retraso mental puede eventualmente desaconsejar su admisión y sugerir su orientación hacia otros campos, sean o no institucionales). El desenvolvimiento de esta perspectiva terapéutica supone que dicho proceso se desarrolle en forma simultánea en relación a diferentes niveles de intervención, de modo tal de poder trascender las limitaciones inherentes a cualquier concepción unilineal y reduccionista acerca de la problemática de la discapacidad mental. Nuestra propuesta se dirige, por lo tanto, a promover y suscitar efectos estructurantes en el plano individual, tanto como en el ámbito familiar y en el contexto socio-institucional:
· en el plano individual: favoreciendo en el concurrente la consolidación de procesos de subjetivación que le permitan acceder a grados progresivos de simbolización, autonomía y desenvolvimiento, mediante las diferentes estrategias de abordaje y tratamiento que (articuladas entre sí y potenciadas a través de su accionar dentro de un encuadre interdisciplinario) constituyen las múltiples modalidades de intervención preventivas, terapéuticas, vinculares y recreativas;
· en el plano familiar: generando un proceso participativo por parte del núcleo familiar y afectivo del concurrente, ya que representa, por una parte, el ámbito donde se plasman en forma privilegiada las condiciones de posibilidad de todo proceso de intervención terapéutica, a la vez que aparece, por la otra, como la sede donde se instala la problemática de la discapacidad mediante una específica organización vincular, cuyas repercusiones dentro de la dinámica familiar reclaman una atención especializada y sistemática;
· a nivel social e institucional: por cuanto el desenvolvimiento de una lógica de abordaje que no contemple su articulación con el contexto socio-institucional y con sus condiciones de inserción en prácticas y redes sociales corre el riesgo de encaminarse a reproducir y afianzar un modelo basado en la exclusión que, por la vía de la estigmatización, el aislamiento y la segregación, obtura las potencialidades de integración social de las personas con discapacidad mental.
Objetivos específicos Las consideraciones precedentes nos permiten delimitar un conjunto de objetivos específicos que se orientan a generar, consolidar y potencializar el proceso de estructuración subjetiva y de inserción social de cada concurrente. Dichos objetivos son los siguientes:
· promover el logro de un desplazamiento en la posición del concurrente, de forma tal que su condición de “objeto de cuidados” (lugar en el que habitualmente es ubicado) pueda rotar hacia una posición que lo reconozca como sujeto de deseos y de motivaciones, como punto de partida de una construcción identitaria activa y desligada de los condicionantes que lo alienan en relación con sus imposibilidades o limitaciones;
· consolidar la adquisición del mayor grado posible de independencia personal y su afirmación tanto en relación con el dispositivo institucional como en el ámbito familiar y social;
· desarrollar un plan de tratamiento individualizado, a través del cual las diferentes estrategias implementadas se definan por su adecuación con un programa terapéutico establecido desde el ingreso del concurrente, y periódicamente reformulado, sobre el cual confluyan modalidades de atención individuales y grupales;
· desarrollar un conjunto de actividades desde un encuadre preocupacional, en contextos y espacios de participación compartidos con otros, como instancia de promoción de situaciones de intercambio y como ámbito de estimulación para la creatividad de cada concurrente;
· promover el máximo desarrollo posible de las capacidades intelectuales y potencialidades vinculares de cada concurrente, a través de su inclusión en diferentes prácticas y actividades preocupacionales, expresivas, terapéuticas y recreativas;
· establecer un marco de trabajo con familiares, mediante el cual los referentes afectivos de cada concurrente puedan acceder a una instancia de participación y compromiso con el programa terapéutico implementado en cada caso, y donde se promueva un espacio de reflexión acerca de la sintomatología que se consolida alrededor de la impronta que produce la discapacidad mental en la convivencia cotidiana;
· generar procesos de socialización y de inserción comunitaria, partiendo del relevamiento de los diferentes recursos disponibles en la comunidad, y tendiendo al desarrollo de actividades recreativas y culturales mediante la ampliación de los ámbitos de participación.
Descripción y programación de las actividades Las diferentes actividades a desarrollar se orientarán a brindar un marco de estimulación centrado específicamente en las posibilidades y necesidades que caractericen la singularidad de cada concurrente. Para ello, el equipo profesional y técnico de CETEI desarrolla un esquema general de tratamiento basado en prácticas diferenciadas, aunque organizadas respecto de un eje central –como lo es el programa terapéutico definido para la atención de cada concurrente. De este modo, las prácticas implementadas contemplan las siguientes estrategias de atención:
· tratamiento psicoterapéutico (individual y/o grupal);
· tratamiento musicoterapéutico (individual y/o grupal);
· actividades preocupacionales (Talleres de Plástica, de Cerámica y Escultura, de Artesanías, de Expresión);
· atención y tratamiento en Terapia Ocupacional (individual y/o grupal);
· actividades de promoción y adquisición de hábitos de la vida diaria;
· espacios de participación y construcción colectiva (Talleres temáticos: de periodismo, de dibujo, de lectura y video, de juegos grupales, etc.);
· espacios de estimulación del pensamiento, el lenguaje y la comunicación;
· actividades deportivas y de estimulación motriz;
· actividades recreativas y de socialización en la comunidad (paseos, salidas, participación en eventos, campamentos, experiencias convivenciales);
· control y seguimiento médico y psiquiátrico periódicos;
· orientación y supervisión nutricional;
· asistencia familiar (asesoramiento individual, grupos de reflexión con padres y familiares, talleres).
Para el logro de los objetivos mencionados, y procurando la mejor articulación y potenciación de los efectos de las diferentes instancias asistenciales y recreativas, el Centro se organiza alrededor de un esquema comunitario de trabajo, de forma tal que supone una serie de niveles de intercambio y de construcción participativa indispensables, a saber:
· reuniones, de frecuencia mensual, del Equipo del Centro de Día, en las cuales se evalúan los diferentes programas de abordaje y se sitúan pautas en lo que respecta a su desenvolvimiento, a la vez que se acuerdan los mecanismos que permitan garantizar los medios más eficaces para el desarrollo de las diversas tareas;
· reuniones periódicas con padres y familiares, a fin de consolidar la participación de la familia respecto del tratamiento de cada concurrente, a la vez que generar un espacio de propuestas y debates en tomo al esquema institucional de trabajo;
· espacios de supervisión del trabajo, de frecuencia quincenal, para orientadores y auxiliares;
· asamblea institucional (realizada con la participación conjunta de concurrentes y de integrantes del equipo) de frecuencia mensual;
· promoción de espacios de investigación, formación teórica y práctica y pasantías para estudiantes y graduados de carreras afines;
· exposición y publicación de las experiencias de trabajo en ámbitos especializados de discusión y divulgación científica.
Tipo y Grado de discapacidad que abarca
Criterios de organización por grupos La atención y tratamiento de los concurrentes que asisten a este Centro Terapéutico está organizada por grupos, cada uno de los cuales se compone según criterios de afinidad y complementariedad. En tal sentido, no traducen un propósito homogeneizante basado en la edad o diagnóstico, sino más bien destacan sus posibilidades de construir y sostener una matriz vincular que, impulsando su acceso a las diferentes actividades que integran la propuesta institucional, favorezcan su implicación subjetiva en la experiencia que llevan a cabo.
Grupo I: está integrado en forma predominante por concurrentes adolescentes quienes, por las características derivadas de su cuadro y por los requerimientos propios de su etapa evolutiva, demandan un programa de atención más individualizado, con asistencia continua por parte del orientador y de amplio rango estimulatorio. Los objetivos centrales del tratamiento se dirigen a favorecer los procesos de estructuración de la subjetividad, la expansión significativa del entorno social y la consolidación y complejización de los hábitos de la vida diaria.
Grupo II: está integrado por concurrentes adultos que presentan un cuadro de retraso mental moderado (eventualmente profundizado por trastornos del psiquismo), y que requieren un encuadre promotor de crecientes niveles de autogestión, bajo el formato de talleres preocupacionales. Los objetivos principales del tratamiento están dados por la estimulación del potencial de desenvolvimiento autónomo, creativo y basado en la propia iniciativa (y su expansión a los distintos ámbitos de inserción), la consolidación de las adquisiciones referidas a las actividades de la vida diaria y la elaboración, desde un enfoque terapéutico individualizado, de un proyecto de vida acorde a las posibilidades y a los condicionamientos estructurales y situacionales de cada integrante.
Grupo III: está integrado por concurrentes adultos, en los cuales la problemática de retraso mental puede eventualmente interactuar con la presencia de trastornos psicomotrices de diversa intensidad, y cuya posición exige la localización de un coordinador como soporte estructurante de la propia experiencia. Los objetivos principales del tratamiento se orientan a propiciar condiciones de mayor autonomía en el desempeño institucional, familiar y social, a través de un programa de atención estructurado en base a una estimulación intelectual y motriz intensiva (incorporada a cada una de las prácticas y actividades grupales) y a favorecer la ampliación de las instancias de socialización y de interacción de cada concurrente por la vía de la expansión del potencial de desenvolvimiento en las actividades cotidianas, a través de la adquisición de hábitos básicos de la vida diaria.
Duración de las actividades y cronograma tipo del esquema de atención El Centro Terapéutico funciona de lunes a viernes, de 9 a 16.00 horas. Cada jornada está compuesta por dos bloques horarios (de 9,30 a 12,00 hs. y de 13,00 a 15,00 hs., los que eventualmente podrán a su vez subdividirse para la implementación de dos encuadres en un solo bloque) y contempla la suspensión de actividades en los horarios de almuerzo y merienda. El cronograma tipo del esquema de atención es el que se expone a continuación, si bien dentro del proceso de atención de cada grupo se privilegian algunos encuadres (cuya frecuencia es por consiguiente mayor) en detrimento de otros.
Asimismo, dicho cronograma se articula con estrategias de intervención individual y/o grupal, en función del Plan de Tratamiento de cada concurrente, desarrolladas por el Equipo Técnico en los siguientes horarios:
Requisitos de ingreso Las condiciones de ingreso que pauta nuestro Centro de Día están orientadas a desarrollar un proceso de admisión (cuya duración aproximada estimamos en 10 días) a partir del cual el equipo de trabajo podrá determinar la conveniencia o no del ingreso del solicitante, a partir de los siguientes elementos de análisis:
· evaluación de las capacidades, potencialidades e intereses del aspirante;
·
· delimitación del programa de abordaje indicado para el caso, en base a criterios de evaluación de las diferentes áreas de intervención institucional;
· diagnóstico de la situación del grupo familiar, que permita precisar las posibilidades y recursos disponibles en la familia para sostener y acompañar el proceso terapéutico a desarrollar con el concurrente.
Requisitos de egreso Las condiciones de egreso de cada concurrente estarán dadas por alguna o algunas de las siguientes circunstancias:
· modificación en la estructura funcional del concurrente, de forma tal que reúna condiciones que le permitan acceder, en términos de inserción, a la esfera del trabajo en alguna de sus diferentes variantes, o bien a condiciones de autonomía equivalentes en otros ámbitos de la experiencia social;
· cambios en la composición y dinámica del marco familiar del concurrente, que determinen la necesidad de instrumentar una derivación hacia dispositivos institucionales alternativos;
· acceso al cumplimiento de los objetivos trazados en el programa terapéutico propuesto;
· detención o fijación de los alcances del plan de tratamiento, en cuyo caso la posibilidad de extenderlo podría suscitar efectos iatrogénicos u operar como factor de cronificación.
Composición del equipo · Director · Subdirector · Psicóloga · Médica Psiquiatra · Terapista Ocupacional · Musicoterapeuta · Trabajadora Social · Nutricionista · Encargada de Recreación y Socialización · Profesor de Educación Física · Orientadores - Coordinadores de Talleres en: Expresión Plástica y Creatividad Cerámica y Escultura · Auxiliares · Acompañante terapéutico (en función de los eventuales requerimientos) · Cocinera · Encargada de Limpieza · Encargado de Mantenimiento
Capacidad total El Centro de Día cuenta con instalaciones que permiten brindar tratamiento a 40 concurrentes de ambos sexos, mediante esquemas operativos organizados por grupos (de 10 integrantes como máximo) y en espacios de trabajo diferenciados.
Marco teórico del proyecto La discapacidad mental, según nuestra experiencia, no constituye una entidad homogénea. Las regularidades y las constantes que suelen caracterizar sus diversas definiciones parecen derivarse menos del modo en que dicho cuadro se plasma en los procesos de estructuración subjetiva[1] de la persona que la presenta que de los efectos de tipificación (que le son exteriores y que se corresponden con distintos momentos en la producción de conocimientos sobre este tema) insertos en los sucesivos modos de conceptualización y de intervención implementados desde su construcción en tanto categoría susceptible de tratamiento teórico y técnico. Discapacidad mental es, de este modo, el término que designa una modalidad de intervención sobre lo social, y es también la categoría teórica que, operando en un sentido homogeneizante y totalizante, desdibuja la singularidad de la persona con retraso mental, su subjetividad, su historia y su posición respecto de su problemática.
La especificidad de dicha categoría deberá situarse, entonces, alrededor de la revisión y problematización de su condición de constructo social, ya que las diferentes definiciones acerca de la discapacidad mental -así como de las técnicas indicadas para su intervención- son efecto de una procesualidad que debe ser contemplada críticamente y deconstruida en forma sistemática[2]. Esto no significa, desde luego, descalificar el papel que eventualmente pueden jugar factores de orden orgánico en la causación del retraso mental; lo que aquí se cuestiona es la adhesión incondicional a la atribución de un carácter determinante a dichos factores.
En tal sentido, nuestro enfoque se asienta en una mirada no psicopatologizante que, evitando rotular desde un síndrome, implica una toma de distancia respecto del recurso a tratamientos estandarizados y a técnicas preestablecidas cuya rigidez puede y suele suscitar efectos más limitantes que los derivados del déficit orgánico. Será preciso trascender, pues, la estrechez de aquellas concepciones que sitúan a la discapacidad mental en términos de una configuración estructural que impone limitaciones (sea en el plano del aprendizaje, la inteligencia, la sensorialidad, el lenguaje, la vincularidad, etc.) a la constitución de la subjetividad y, desde allí, a la posibilidad de inserción social, dado que las mismas desconocen, según nuestra perspectiva, el hecho de versar sobre una categoría atravesada por una serie de significaciones y definiciones enlazadas con mecanismos de medicalización, institucionalización, exclusión y segregación; efectos sin cuyo previo desmontaje ningún programa terapéutico podría prevenir tanto su continuidad como su reproducción.
Nuestra propuesta se orienta, de este modo, a considerar la discapacidad mental como una categoría amplia, heterogénea y diversificada sobre la cual convergen diferentes planos de determinación:
1. discapacidad como significante -limitante- de la tipificación del retraso mental, cuyos efectos atraviesan tanto la posición subjetiva como el formato institucional que se recorta como ámbito asistencial específico para su intervención; 2. la discapacidad como efecto derivado de condiciones de legitimación y de intervención social, política y jurídica, a partir de las cuales la institucionalización se plasma como mecanismo de gestión de este colectivo concebido en tanto problemática social; 3. la discapacidad como marca devenida en el proceso de estructuración de la subjetividad, cuyos determinantes establecen modalidades diferenciadas de procesamiento simbólico, circulación discursiva, lazos intersubjetivos y ubicación social.
Estas vías confluyentes de configuración de la problemática de la discapacidad mental delimitan, correlativamente, niveles específicos de intervención y tratamiento. De este modo, el espacio institucional aparece no sólo como posibilitador del despliegue de una propuesta asistencial y terapéutica, sino también como soporte privilegiado de un conjunto de prácticas profesionales y técnicas tributarias de una concepción no lineal del sujeto y de una mirada crítica respecto de la categoría cristalizada de la discapacidad mental como entidad sustancial y dotada de poder explicativo respecto de sus múltiples manifestaciones.
La estrategia de intervención institucional Como señaláramos más arriba, nuestro proyecto se orienta a desarrollar un programa preventivo, asistencial y terapéutico dirigido a la atención de personas con discapacidad mental en grado moderado o severo, o bien que se encuentren en condiciones funcionales discapacitantes. Para llevar a cabo dicho objetivo, cobrará singular trascendencia el proceso de continua articulación entre las estrategias específicas de abordaje y el trabajo de teorización respecto de la categoría definida como discapacidad mental, ya que sólo a partir de dicha adecuación se podrá derivar la necesaria consistencia entre objetivos y metodologías dentro del esquema institucional. Es por ello que el diseño de intervención institucional supone ya una instancia de elucidación y reflexión respecto de los diferentes enfoques que han guiado la atención y tratamiento de personas con discapacidad mental, algunas de cuyas propuestas aparecen aquí recuperadas e inscriptas dentro de una estrategia de abordaje interdiscursivo.
Así, los aspectos preventivos de este programa estarán dados por la implementación de un conjunto de prácticas y actividades grupales dentro del ámbito institucional que, en tanto posibilitadoras de la expansión y enriquecimiento del campo experiencial y vivencial de cada paciente, permitirán evitar los efectos deteriorantes que la falta de estimulación y contacto interpersonal pueden producir. Este es el punto de arribo de algunos de los enfoques que han prevalecido en la atención de personas con discapacidad mental, los cuales han privilegiado el efecto de contención y estabilización que la participación en espacios y actividades grupales puede suscitar[3]. No obstante, se trata de un modelo de intervención en el cual la integración (concebida en términos adaptativos) al interior de la institución se consolida a expensas de la exclusión respecto de los escenarios sociales; por tanto, sostenemos que la consecución de este objetivo sólo tiene validez en cuanto instanciación particular de un proceso dinámico más amplio, en el cual sean incorporadas otras dimensiones de intervención y abordaje.
Por su parte, los aspectos asistenciales del programa se derivarán del dispositivo de atención interdisciplinario que, a través de las diferentes estrategias especializadas de intervención, se orienta a operar efectos rehabilitatorios en la situación de cada concurrente y, por añadidura, en su red de interrelaciones. Este ha sido, a su tiempo, el objetivo priorizado por otra vertiente del trabajo institucional, según la cual la especialización técnica y profesional del equipo de atención posibilitaría el acceso de cada paciente a determinados logros prefijados con anterioridad (sean éstos situados en el plano psicoterapéutico, en la esfera educativa o en el terreno ocupacional). Este enfoque, sin embargo, presenta una serie de puntos críticos que merecen ser destacados: en primer lugar, su dificultad para trasladar las adquisiciones hacia otras esferas de la vida social (laboral, familiar, comunitaria); en segundo término, los obstáculos que se presentan para establecer los criterios de la finalización del tratamiento o del abordaje, dado que las diferentes técnicas de atención se desarrollan según ritmos que les son propios y, por tanto, evolucionan asimétricamente; por último, y estrechamente ligado con lo anterior, la complejidad que muestra la búsqueda de una convergencia de las prácticas profesionales, dado que es inherente a este modelo de trabajo la tendencia a fragmentar a la persona con discapacidad en “partes” que resultarían patrimonio exclusivo de cada especialidad. Las limitaciones de este enfoque nos impulsan, pues, a avanzar otro paso en la configuración del dispositivo institucional, de modo tal de articular los alcances terapéuticos de la intervención en términos extrainstitucionales.
Los aspectos terapéuticos del programa, por tanto, estarán dados por la inscripción de los diferentes logros y adquisiciones producidos por cada concurrente a lo largo de su tratamiento dentro de un proyecto de vida propio y singular, de modo tal que dicho proceso involucre una ubicación activa del sujeto respecto de su relación con los otros, su futuro y su inserción en el plano social y comunitario. Objetivo que, si bien aparece explícitamente animando una serie de medidas legislativas y de estrategias comunitarias, sólo puede ser viable en la medida en que sea precedido por la configuración de un conjunto de condiciones estructurales que promuevan y reconozcan en cada concurrente la dimensión de agenciamiento[4] de su propia conducta.
Por lo tanto, pensamos que no es ya la regularidad en cuanto a rasgos y síndromes, sino la singularidad de cada sujeto y su irrepetible trayecto vivencial los que deberán situarse como planos privilegiados de abordaje, de modo tal de establecer el mayor grado de consistencia entre aquello que constituye las necesidades, intereses, anhelos y potencialidades del concurrente y el programa de prácticas y actividades que desplegará en su experiencia institucional. De esta forma, adquiere preeminencia la configuración de un diagnóstico situacional de la persona con discapacidad, con las particularidades que para cada uno suponen su contexto social y familiar, su posición y la de sus otros significativos respecto de su problemática, su estructuración subjetiva y sus modalidades vinculares, sus expectativas y necesidades de tratamiento, y las motivaciones e intereses a partir de los cuales nuevas adquisiciones sean posibles. Este enfoque se dirige, entonces, a promover un espacio de intervención terapéutica, no en base a una programación de prácticas y actividades compulsivas, sino a partir de los indicadores que se desprenden de la situación de cada concurrente, e incorporando todos los vectores extrainstitucionales disponibles (familia, recursos comunitarios, espacios colectivos) a fin de generar un marco amplio que concentre las condiciones más propicias para el desarrollo del tratamiento.
Si, tal como planteamos, la necesidad de priorizar la singularidad de cada concurrente constituye una condición ineludible para su inclusión en un programa terapéutico como el propuesto (en la medida en que éste se articula con la particular configuración que el sujeto construye respecto de su problemática), la participación de la familia en dicho programa asume, desde luego, un lugar de central relevancia. En efecto, la posición que la persona con discapacidad ocupe dentro de la dinámica familiar, el estatuto otorgado a la problemática del sujeto y la trama argumental que sobre ella se construye, la función productora y reproductora de sentidos y significaciones cruciales para la constitución y afirmación de la identidad del sujeto, y el grado de generalización y expansión de la problemática de la discapacidad como síntoma que atraviesa el marco familiar, constituyen algunos de los factores por los cuales consideramos que el posicionamiento de la familia del concurrente debe ser protagónico durante el transcurso del tratamiento.
Nuestra posición ante la discapacidad mental supone, de este modo, implementar una estrategia institucional que atraviese los sucesivos niveles de articulación mencionados (un marco terapéutico, asistencial y recreacional desde un enfoque interdisciplinario, un programa de tratamiento y seguimiento singularizado, condiciones de inclusión y participación del núcleo familiar del concurrente en su abordaje, espacios de inserción social y participación comunitaria), de forma tal de propiciar mediante este movimiento transversal la potenciación de las posibilidades operativas, expresivas, de aprendizaje, recreativas y comunicativas inherentes a cada sujeto.
Buenos Aires Enero de 2011
[1] Retomarnos aquí los aportes de M. Mannoni, cuya obra ha sistematizado una crítica decisiva tanto hacia la arbitrariedad de los criterios de clasificación de la discapacidad mental, como respecto de los efectos desubjetivantes suscitados por dicha clasificación. Véase, fundamentalmente, su libro El Niño Retardado y Su Madre (Ed. Paidós, Buenos Aires, 1992). [2] Entendiendo que el concepto de deconstrucción (sustentado por Lyotard y por otros referentes teóricos del pensamiento post-moderno) asume aquí la función de un operador epistemológico, condición de una aproximación crítica hacia la herencia intelectual legada por el ideal de racionalidad propio de la modernidad. [3] El concepto de “instituterapia”, hoy prácticamente en desuso, ha brindando sin embargo a su tiempo un marcado respaldo a este enfoque ambientalista; según esta perspectiva, la mera participación dentro de un ámbito institucionalizado ya suscitaría efectos promotores de la salud para el paciente. La institución así definida estaría conformada por un conjunto de características organizativas, funcionales y vinculares que, siendo situadas per se como fundamento constitutivo y excluyente del accionar terapéutico, no requerirían entonces el aporte de ninguna instancia complementaria de elucidación o autocrítica para la definición, consecución y revisión de los objetivos trazados. [4] Carácter agencial de la conducta humana que, al tiempo que reivindica la productividad inherente a la estructura de la psique, vehiculiza una concepción activa del sujeto en radical oposición respecto de las posiciones (tales como la de beneficiario o receptor de políticas sociales) que lo designan en tanto producto objetivable de la estructura social. Tal como aparece expuesto y desarrollado por C. Castoriadis, este plano de agenciamiento involucra una dimensión irreductible de potencialidad creadora y autotransformadora. Véase, sobre todo, su ensayo El Psicoanálisis, Proyecto y Elucidación (Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1998).
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